Geremías en azul.


Noche de putas.
enero 23, 2008, 3:42 pm
Archivado en: Soledad

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Hoy te crucifiqué.

Descubrí tu verdadera profesión.

Caminando bajo esta noche de luna llena sin un rumbo fijo, pensando en ti, sin querer te encontré.

De pronto descubrí que me encontraba perdido en las calles de esta inmensa ciudad. No sé cuanto tiempo hube caminado, mis pies aún no se cansaban. La calle en la que me encontraba, a pesar de la hora, puesto que ya era de madrugada, muy de madrugada, se hallaba muy concurrida, tanto por transeúntes como por coches.

Era fin de semana, de quincena. La fila de autos era interminable; los transeúntes se aglomeraban en dicha calle. Las esquinas abarrotadas. Nunca había caminado por estos rumbos. No sabía lo que sucedía. Parecía como si fuera un tianguis de noche. Conforme me fui acercando descubrí que, en realidad si era un tianguis, pero un tianguis de mujeres. Una calle de putas.

En cada calle un hotel, en cada esquina un grupo de putas. Parejas salían, se despedían; ellos se marchaban satisfechos; ellas regresaban a su sitio a esperar otra victima. De pronto una de ellas se me acerco para ofrecerme sus servicios, me mostro su figura, me cogió de la mano como si fuéramos una pareja de novios, como si nos conociéramos de toda la vida.

Nunca había vivido una experiencia de este tipo. Me deje llevar. Fue maravilloso lo que me hizo sentir. Pero mientras ella me complacía yo no hacia otra cosa que pesar en ti, me preguntaba ¿en dónde andará? ¿qué estará haciendo mi Soledad? Yo complacido y satisfecho por la entrega de su cuerpo, ella por la paga ¡vaya qué si me cobró! Nos vestimos y salimos, de la misma forma en que entramos. Al llegar a la calle me besos los labios y se dirigió a su sitio de trabajo, yo continué caminando, pensando en esta noche de putas que viví, jamás podré olvidarla.

Pero de pronto tu recuerdo y tu figura regresaron a mi mente. Comparé las noches de sexo que hube vivido contigo, Soledad, y con esta puta…no hay comparación, tú eres mi amante perfecta, conoces mis debilidades, sabes llevarme, saciarme de ti, Soledad.

Al salir del hotel prendí un cigarro. Antes de llegar a la siguiente esquina boté el cigarro, me agaché para ver en dónde había caído para pisarlo mientras seguía caminando, de repente, por la distracción choqué con una mujer, una puta de esa esquina. Ella volteó irritada, la golpeé bastante fuerte. Lo primero que vi, puesto que iba agachado fueron sus piernas ¡qué hermosas! Me decidí recorrer tu cuerpo lentamente, tus piernas hermosas, estabas de espalda, mientras dabas vuelta yo te admiraba lentamente, cuando descubrí un lunar en forma de corazón en la pantorrilla izquierda, me sorprendí y pensé, no puede ser. Seguí admirándote. Tu figura no me era desconocida. Hasta que se encontraron nuestros rostros y te descubrí. Sí. Eras tú Soledad.

Tú, Soledad, de puta en las calles ¿por qué? Me cuestionaba incasablemente mientras corría de regreso a casa. Al llegar, a casa, cogí tu recuerdo y lo crucifique como una puta cualquiera y te hice un altar. Ahora todas las noches son noches de putas. Siempre voy a buscarte a la esquina donde te encontré, pero ya no estás más allí. Y sació mis fantasías con otros cuerpos pensando en ti Soledad.

Estas son mis noches de putas, mis putas noches sin ti.

¡Soledad!




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