Geremías en azul.


El arpa mágica.
octubre 12, 2015, 5:05 pm
Filed under: Cuento, Infantil

Todos los animales estaban alrededor de su lecho, pobre Rebeca, murmuraban, de ésta no se levanta, se ve muy mal, era una cacofonía de malos presagios. Rebeca es una gallina robusta, con una exuberante pechuga, unas piernas regordetas, una cresta roja, bien levantada, su comida favorita era el maíz fresco. Estaba enferma, muy enferma. No quería levantarse de su nido. La fiebre no cesaba. Era cuestión de días. Todos los animales de la granja estaban pegados a ella. Muchas recetas le habían preparado y suministrado, pero ninguna paliaba los dolores y la fiebre. Nadie sabe que tiene. Don Carlos, el granjero estaba muy preocupado por su Rebeca, ya que era una gallina muy ponedora, su huevos eran los más grandes y sabrosos, la mayoría resultaban tener doble yema. Lo que más se venden, en el mercado del pueblo, son los huevos de Rebeca, principalmente. Don Carlos se va todos los días al mercado a vender los productos que elabora y le proporcionan los animales de su granja. Es un buen hombre, ama a sus animales, por eso sólo vende lo que ellos le brindan, más no mata a ninguno para destazarlo y venderlos. Se dedica a la venta de lácteos y a la avicultura.
Hace muchos años, Don Gumaro le regaló a Don Carlos un arpa, le dijo que era un instrumento mágico, pero Don Carlos no le creyó. Cuando se la regalaron se encontraban en la granja, al marcharse, Don Gumaro, Don Carlos colocó el arpa detrás de unas pacas de alfalfa y allí quedó oculta por muchos años.
De pronto Gertrudis, una vaca que sólo tiene un cuerno, porque el otro se le rompió cuando era pequeña, jugando con Eleodoro, un cordero muy ágil y veloz, al toro salvaje, Eleodoro esquivó a Gertrudis y ésta ensartó su cuerno derecho en el manzano, quedando el izquierdo libre, en el aire, no la podía quitar y los más practico fuer cercenarle su cuerno derecho. De pronto, al llegar Don Carlos con otro veterinario para que revisara a Rebeca, Gertrudis se asustó al oírlos entrar, hizo un movimiento brusco, tiró las pacas de alfalfa y apareció el arpa envuelta en su estuche, tal y como se la había entregado Don Gumaro. Terminó la consulta, el diagnóstico del zootecnista fue: es cuestión de tiempo, Don Carlos, sólo hay que esperar el momento fatal. El veterinario se marchó. Don Carlos cogió el arpa, la abrió, se dio cuenta que es un arpa de oro. Comenzó a tocarla, pensó, tiene cuerdas, sé tocar la guitarra. Todas las tardes, mientras se va ocultando el sol, él toca y canta canciones para alegrárle la vida a sus animales. Toca para ellos. Se sentó en un banco, triste por la salud de Rebeca, comenzó a tocar el arpa y mientras lo hacia, Rebeca se iba recuperando. Don Carlos, al darse cuenta siguió y siguió tocando el arpa de oro hasta que Rebeca se levantó, cacareo y desovo el mejor huevo de su vida. Todos los animales comenzaron a gritar, a bailar y cantar por la alegría de ver a Rebeca recuperada, todo gracias al arpa mágica. Desde ese momento y hasta la fecha, por las tardes, al caer el sol, Don Carlos toca el arpa para mantener a sus animales sanos y felices.

Título: El arpa mágica.

Género: Cuento infantil

Fecha: 12. Oct. 2015.

Hora: 10:42 hrs.

Autor: Geremías JEMS.



El restaurador de corazones.
mayo 26, 2015, 7:49 pm
Filed under: Cuento

Fue un pregonar distinto a los que ofrecen sus servicios, claro, el ofrece, también, su oficio, pero uno demasiado extraño. Me llamó la atención su pregonar, salí a hacerle una consulta sobre su labor tan extraña. Me preguntó si tenía un trago de tequila que le pudiera regalar, le obsequié la última botella que me quedaba en la cava, eso me recordó que tenía que agregar a la lista de insumos la compra de más botellas de tequila. A cambio de esta botella, le restauraré su corazón, si es que lo tiene dañado, ¿Por qué se dedica a restaurar corazones? No hace mucho tiempo, una mujer hizo añicos mi corazón, sus últimas palabras, en aquella cita, fueron martillazos, muy fuertes, que hicieron trizas mi corazón, no soporté el daño, no soy un escritor famoso, no escribo cómo los grandes autores, escribo porque me gusta no para gustar, primero ensalsó mis escritos para después reírse de ellos, así que cogí la última botella de tequila que me quedaba, antes de salir de casa, le di un gran sorbo, comencé a recorrer las calles, analizando mi vida, de principio a fin, me di cuenta de que no tenía nada, de que no era nadie, después, analicé la historia del amor que viví, recordé todo lo acaecido, de pronto, sin darme cuenta, comencé a gritar, por las calles:¡Corazónes rotos que restaurar! Así que, si tiene su corazón roto, se lo restauro. ¿Restaura corazones de mujeres y hombres? El corazón es el mismo y los sentimeintos son los mismos para todos, la bondad y la maldad existe en el ser humano. El rencor daña la bondad, por eso me dedico a la restauración de corazones, de sentimientos, no guardes rencores, cuéntamelo todo, ya estoy dañado, rencores más, rencores menos, me inmunicé, me convertí en un mounstro, insensible, inhumano, vivo de mi locura, de mi sinamor. Aís que, si tienes roto el corazón, te lo restauro. No había nada que restaurar en mí, le di las gracias, bebió el último trago que quedaba en la botella de tequila que le obsequié, me tendió la mano, me miro fijamente a los ojos, se despidió: no sé si vuelva a pasar por esta calle, ni siquiera sé si la recordaré, dio tres pasos y continúo su pregonar: ¡Corazónes que restaurar!



Caminando con un muerto.
marzo 27, 2015, 8:38 pm
Filed under: Cuento

Caminando con un muerto.

Era el bar de moda, pequeño, en la parte alta de una taquería, en forma triangular. La entrada a trabajar era a las ocho de la noche. El personal iba llegando, se distribuía la talacha, se relizaba una junta para ajustar detalles, analizando lo acaecido el fin de semana anterior, para no cometer los mismos errores.

El bar se abría entre las diez y diez y media de la noche. La puerta es metalica, pesada, corrediza, por la parte de en frente tiene una cara, por los ojos se puede observar la calle, pero poco se percibe de fuera hacia dentro.Dueños, gerente, jefe de puerta, seguridad, a través de los ojos observaban cómo se va acumulando la gente, los clientes, ansiosos por entrar, por comenzar a beber, bailar, ligar, sasiar su estrés semanal. El jefe de puerta le solicitaba al de seguridad abrir la puerta, ya que había un promedio de 30 personas esperando accesar al lugar. Al abrir la puerta, la gente comenzaba agritarle por su nombre al portero o al de seguridad, ya sea por su nombre o indicando cuantos eran. La mayoría bien vestidos, con ropa de marca, otros no tanto, pero bien peinados y perfumados, para conquistar; ellas luciendo sus atributos, las que iban en busca de una conquista. El encargado de la puerta comenzaba a seleccionar quienes eran los elegidos de disfrutar de la música ochentera y la de moda, iniciaban los noventas, el inicio del punchis punchis, de la música electrónica. Los rechazados se iban indignados, mentando madres, pues, para accesar tenías que llevar tus zapatos bien boleados, nada de tenis, salvo clientes frecuentes, los “viapi”. El bar lleno, capacidad de 100 a 120 personas, por lo pequeño del bar y la asiduidad de los clientes, el 90 por ciento de ellos ya se conocían. La bebida de moda, y con la que se enamoraban a las chicas que se iniciaban en las artes de la embriaguez, se llama Luces de la Habana: ron hecho a base de estracto de coco, jarabes de granadina y natural, un poco de licor de crema y whisky irlandes, jugo de piña y naranja, una bebida dulce, deliciosa. Un lugar cálido, exclusivo, sí, exclusivo para modelos de pasarelas, revistas, actores famosos, no tan famosos y nada famosos, que salían en comercilaes. Un bar en el que rara vez, pero muy rara vez, contadas las ocasiones tuvo que intervenir la seguridad para controlar un pleito o sacar un cliente. Así eran las noches, los clientes y el ambiente en este bar.

Salío de trabajar del bar. La noche fue bastante bien, duró muy poco o, más bien, pasó tan rapido, tan rápido como los ebrios bebian sus tragos, vaciaban las botellas y se enamoraba las y los clientes. El bar se cerró como de costumbre, al salir el último cliente. Ebrios en busca de más fiesta, de un lugar donde termirar su romance de la noche, algún hotel barato, de los de tlalpan, quizás, chicas ebrias sasiando sus ansias sexuales, hombres corriendo sus autos, algunos directo a casa, pero eso sí, todas y todos, con las carteras vacías, y otros, los menos, a caminar a casa. Mientras migraban las y los ebrios , el personal del bar, tenía que chainar el lugar: hacer cortes de barra y caja, elaborar la lista de insumos para el siguiente día, levantar las sillas, limpiar mesas, trapear el piso, lavar la cristalería y baños, todo había que dejarlo impecable para que al día siguiente la talacha fuera menos y el personal llegara un poco tarde.

Él, como de costumbre, ya que vivía cerca del lugar, a unos veinte minutos, caminando, cinco en coche, ya que a esas horas de la madrugada no había nada de tránsito vehicular. Caminando con el cansancio a flor de pies, recorre el últmo tramo de avenida Centenario y continúa Tres Curces, al cruzar Jardín Centenario, centro de Coyoacán, es lacanzado por un señor, maduro, unos cincuenta años, fornido, alto, ajado por el sol, con un andar zig zagueante por su embiraguez, alcanza al chico del bar y comieza a hacerle platica. Van conversando de tribialidades, una cuadro o dos, antes de llegar a la avenida Miguel Ángel de Quevedo, el señor le comenta sobre la ineficiencia que hay sobre las instituciones sanitarias, Vengo del hosptal de Xoco, De visitar algún familiar, No, de buscar atención médica, Qué le pasó, Fijese que me peleé con mi compadre, estabamos en mi casa, bebiendo cervezas, caí rendido por el exceso de alcohol, me quedé dormido en la mesa, cuando desperté, mi compadre estaba haciéndole el amor a mi esposa, lo levanté del cabello, comenzamos a pelear, lo noqueé, cojí del cabello a mi mujer, la levanté y a empeujones la saqué de la casa, sí, así como estaba, sin nada de ropa, de pronto, sentí un golpe, un dolor fuerte en la cabeza que me tiró, me desmayé, después de unos minitos reaccioné, me levanté, toqué mi cabeza, sentí humedad, sangre. No había nadie en la casa. Mi mujer se fue con mi compadre, se llevó sus cosas, revisé y ya no estaban sus ropas, sus pertenencias. Me salí y me vine caminando desde mi casa, desde mi barrio Xochimilco, hasta acá, pero llevó más de tres horas y no me atienden, mejor me regreso a casa y me vendo o haber qué hago, al fin que parece no ser grave la herida, puedo caminar y estoy concinete, ¡mire mi herida!, Pues, sí se observa grande, con qué lo hirieron, Con mi machete, Señor, regres a que lo atiendad, puede complicarse la herida, qué tal que perdió demasiada sangre y luego desfallece por ahí, No me pasa nada, joven, sigo vivo. Al fin llegamos a la avenida de Quevedo, Para dónde va, joven, para allá, hacia universidad, ¿usted?, Para acá, hacia Tlalpan, que tenga un buen viaje, joven, con cuidado, Igualmente, señor, que llegue con bien y bien a su casa. Nos despedimos, cada quien cojió su camino, el señor se cruzó la avenida, hasta el camellón, depronto, el joven, dio unos pocos paso, muy pocos, en realidad, volteó para mirar al señor y éste desapareció, ya no lo vio más. Al otro día, al salir al super mercado, el joven se detuvo, como siempre, en el puesto de períodicos a leer los encabezado, pero de los diarios formales, de pronto, alzó la mirada, le llamó la atención el encabezado de uno amarillista y lee: Muere con su propio machete, su compadre le da un machetazo en la cabeza y lo mata porque es sorprendido con su esposa. Así es, se fue caminando con un muerto.

¡Vámonos!



El arma más poderosa.
mayo 20, 2014, 4:42 am
Filed under: Cuento

El arma más poderosa del mundo.

En la recepción de unas oficinas esperaban dos tipos sentados a ser atendidos para una entrevista de trabajo. Uno de ellos, el primero que llegó, de clase alta, un junior, vestido con ropa de marca, lujoso automóvil en el estacionamiento cercano, reloj fino. Navegaba a través del inmenso mar del internet, en su trasatlántico de diez y ocho pulgadas, que por logotipo, en su reverso, gravada está la fruta más saludable, o sea, una manzana. Un chico muy altivo, que ha tenido todo lo que ha querido en su vida; el segundo, sencillo, de clase humilde, su vestimenta desfasada, nada combinada, muy austero, sin reloj, pulsera, nada de lujos, nada de dispositivos electrónicos, salvo un teléfono celular muy austero, sin cámara y, mucho menos, sin internet, sus redes sociales no son virtuales, son reales. En lugar de estar a la moda con la tecnología, él sostiene entre sus manos un libro que lee emocionadamente. A comparación del otro chico, a éste, le ha costado mucho trabajo conseguir lo poco que tiene, pero, de igual manera que el otro chico, el del dispositivo electrónico, se siente con toda la confianza del mundo para lograr obtener el puesto que esta empresa requiere.

De una oficina sale un señor de edad madura, presentable. Nada ostentoso, sencillo. Observa a los dos chicos que esperan ser entrevistado, su mirada se detiene en el primer chico, no sesga su mirada; al otro, ni lo miró, al parecer ni se percató de su existencia. La chica de la recepción, una chica guapa, de buena figura, con ésa voz sensual que enamora al escuchara por teléfono, le comentó al primer chico, con cierta emoción, él es el dueño, y te observó detalladamente, seguro serás el elegido, comentó la recepcionista con cierto desprecio hacia el otro chico, pero éste ni se inmutó. De pronto, sonó el timbre del teléfono, la chica contestó y lo único que decía era, sí señor, sí señor… Colgó la bocina, e, inmediatamente, le indicó a cada uno que pasara a diferente oficina para que fueran atendidos.

En la oficina del primer chico no había nadie, tuvo que esperar treinta minutos para que fuera atendido; en la otra oficina, el segundo chico sí fue atendido inmediatamente. Al final, ambos salieron al mismo tiempo. Al encontrarse, los dos chicos a las a fueras de las respectivas oficinas, de donde fueron entrevistados, se miraron. El primero muy sonriente, el segundo, simplemente impertérrito. El primer chico le espeta al segundo, con una sonrisa inmensa, no puede ser posible, en eso, el señor maduro, dueño de la empresa entraba, y al escuchar el comentario del primer chico, le responde: No hay mejor arma, en las manos, que un libro. El propietario colocó su brazo entre los hombros del segundo chico y le solicitó que lo siguiera para que comenzara a laborar en su empresa. Él sería su asistente personal a partir de ese día. Lo que dejan los libros: el arma más poderosa del mundo. El segundo chico, al empresario, le recordó, cuando y como inició, desde abajo, luchando, hasta llegar a ser propietario de una gran empresa.



La Enojona.
diciembre 16, 2013, 5:46 am
Filed under: Cuento

Abrió el cuaderno, buscó una hoja en blanco para comenzar a escribir. La hoja estaba durmiendo. Su mente en blanco. La pluma comenzó a escribir sobre la hoja. De pronto la hoja despertó, sintió cosquillas, cosquillas que la pluma le provocó. Leyó lo escrito, se estremeció. Se arrugó, se estiró, con demasiada molestia. Sacó todas las letras, las escupió. La pluma, espantada, dejó de escribir, se hizo a un lado, se cubrió de las letras que la hoja le arrojaba. Quedó en blanco la hoja. Ya que terminó, la hoja, de vaciarse, y volvió a quedar en blanco y bien estirada, la pluma, enfadada, le preguntó: ¿Por qué me has arrojado todas las letras que escribí? La hoja, indignada, le respondió, por la sencilla razón de que no sabes escribir, tienes demasiada faltas de ortografía. La pluma entristeció. La hoja pensó, y, después, le comentó, no te preocupes, yo te enseñaré a escribir mejor. Ahora, la pluma se ha vaciado, se ha quedado sin tinta, toda la tinta ha quedado plasmada en varias hojas que ahora son hermosos textos para niños. Está, la pluma, en espera de más tinta para continuar su hermosa labor: Escribir.



El Lápiz sabio.
octubre 15, 2013, 12:08 am
Filed under: Cuento

Él fue un sabio. Apenas llevaba la mitad de su vida. Siempre con la punta a flor del papel. Sabía sumar, restar, multiplicar, las ciencias de las matemáticas; una impecable ortografía, nunca se le pasó un acento, una coma, puntos, ¡no, señor!, nunca se comió una letra; y de la historia, la escribió muy puntual y objetiva; sabía de geografías, donde estaban los Andes y los Alpes, sabía de las estepas y las tundras; política, filosofía… etcétera, en verdad que era un sabio.

Era del número dos, con mucho porte, muy fino, de color marrón claro, con su sombrero de goma blanca, siempre limpia, pues nunca cometió un error. Así que, nunca hubo necesidad de usarla. Fue muy querido por todos, niños y niñas, adultos y ancianos, no le importaba el nivel intelectual de quien lo cogía para realizar cualquier tipo de tarea. Él sabía salir siempre adelante. Un muy buen asistente.

Pero ése día, la mano que lo sostenía, recibió una noticia impactante, la cual le provocó un gran estrés y enojo. Poco a poco, fue sintiendo la presión de los dedos, que lo fueron doblando, hasta partirlo en dos, justo a la mitad de su vida. Una vida llena de intelecto. Fue reparado con pegamento y cinta adhesiva, pero, su sabiduría se vació, y nunca más la pudo recuperar. Y, a partir de que fue quebrado y pegado, cometió los errores que nunca en todo su existir cometió.



Lloraba.
octubre 28, 2011, 2:12 am
Filed under: Cuento

Pensaba que llovía, sintió agua en su rostro, entonces, abrió sus ojos, azules, y descubrió que, en realida, lloraba.