Geremías en azul.


Vagabundo.
febrero 10, 2016, 7:21 pm
Filed under: Anécdotas, Sobre mí

¿Puedo sacar mi bicicleta, mamá? Le preguntó mientras ella cocinaba, apresurada, pues su esposo llegaba de trabajar a las 15:30 horas, venía desde Azcapotzalco, allá por refinería, de la sucursal número veintisiete; ella llegaba más temprano, la sucursal uno queda en el centro de la ciudad, ambos trabajaban en aquella famosa institución donde uno empeña algún objeto para salir de algún apuro. Viven en el sur de la ciudad, Coyoacán, sobre la avenida Quevedo. Tenía media hora para cocinar. Le autorizó salir con su bicicleta un rato, en lo que llegaba su padre. Le sugirió que no se fuera lejos, porque en cuanto llegara su padre le gritaría para comer. Al pequeño le tocaba sacudir el mantel, limpiar la mesa, poner los manteles y colocar los cubiertos. Está bien mamá, andaré con mi amigo, el que vive en el edificio de atrás, me podrás ver por los cuadritos de la zotehuela. La celosía de la zotehuela era de cuadros y rectángulos, por éstos se puede observar el interior de los departamentos, principalmente la cocina y parte de la sala-comedor. Son departamentos pequeños. Fue a su cuarto por su bicicleta y se salió.

Su bicicleta tenía la llanta de adelante más pequeña que la trasera, anchas ambas, el manubrio era largo y curvo, las puntas cubiertas con plástico negro, el asiento un poco largo, cabían dos personas, las tijeras color acero, el cuadro rojo, en la parte más ancha de éste, con letras amarillas la marca Vagabundo. Nunca tuvo las llantas pequeñas traseras para principiantes. Estuvo un año arrumbada, le daba miedo caerse, pero al ver a su mejor amigo montado en su bicicleta se animó a montarse en la suya. Salió. No se montó en ella, se la llevó caminando al andador de atrás y allí se subió en ella. Comenzó a pedalear, le gritó a su madre para presumirle que ya sabía, pero esa distracción provocó su primer accidente, se estrelló con la celosía de su departamento y calló al suelo, su madre le gritó ¡Por buey!. No fue la única caída que sufrió, fuero tantas que hasta llegó con el pantalón roto de las rodillas y éstas un poco raspadas junto con los codos.

Al pasar los días la fue dominando mucho más, hasta caballitos se aventaba de entrada a entrada; derrapaba con ella hasta casi tocar el suelo, pintando rayas en el concreto; brincaba las escaleras de la cancha de básquetbol y la parte más alta de ésta; abría la puerta de la entrada de su edificio, se montaba en su bicicleta y salía brincando los dos pequeños escalones de su entrada. Eran acciones intrépidas para su edad.

En las tardes, algunas veces jugaban a ser los Guerreros con todos sus amigos. Se dividían en dos grupos, se iban al estacionamiento, a gran velocidad, del supermercado que queda cerca de donde viven. Esperaban a que llegaran todos, ambos bandos, se hacía una seña, se internaba en medio del estacionamiento, aventaban sus bicicletas y simulaban una gran pelea, similar a la de la película de moda: Warriors, se veía tan real que las personas que pasaban por ahí se asustaba tanto que se metían al primer comercio para observar la pelea y/o por miedo de que les fuera a pasar algo.

Un día salió con su bicicleta, eran alrededor de las 19:00 horas, un poco tarde para algunos niños, pero era temporada de vacaciones de verano. Estaba recorriendo todos los andadores, ya sea que se fuera rodeándolos o en zigzag andador por andador. No había mucha gente. Su mamá mirando la telenovela, su papá en su cuarto con sus relojes, revisándolos, o acomodando su herramienta. El andador donde vive es de mero paso. Así que estaba sólo, hijo único, de pronto pasó un muchacho más grande que él, de edad, le ofreció 5 pesos por dejarlo dar una vuelta en su bicicleta, con los cuales le alcanzaba para unas papas y un refresco, le dio una moneda de diez pesos, no traía cambio, le propuso dos vueltas, accedió, pero le comentó, que tal si no regresas con mi bicicleta, Sí regreso. Se fue, y sí regresó, pero al irse por la segunda vuelta ya no regresó. Le robaron su primera bicicleta, la mejor que tuvo, la que más quiso, su VAGABUNDO. Después tuvo otra, una de carreras, para pista, de marca italiana, una Benotto, que casi no uso.



Te soñé.
octubre 28, 2011, 2:17 am
Filed under: General, Sobre mí, Sobre ti., Soledad, Sueño

Te soñé, y en el sueño eras tan…comoe eres, nunca cambiarás, jamás, ni en sueños.



La viuda negra.
junio 11, 2011, 5:20 pm
Filed under: Sobre mí, Sobre ti., Soledad

Comienza a tejer su telaraña. Te coquetea con miradas cachonda, te habla de amor, palabras tiernas, dulces, que se las crees. Después te seduce con su lenguaje corporal, y hay que ver ¡qué cuerpo! Sabe de su potencial. Te convence, y no lo puedes evitar. Te lleva a su nido, su telaraña. Tú, embelesado…has caído en su juego, su juego de seducción, de amor, ya no tienes escapatoria, te ha atrapado, ya no te puedes librar, es definitivo. Se aprovecha de ti, te usa, se sacia, y cuando más clavado te ve, se apodera de tus sentimientos, de tu mente y tu cuerpo, te vuelves su esclavo, hasta que se harta de ti y te envenena, su veneno no es mortal, es, más bien, adictivo, y te bota. Pero tú estarás allí, a su disposición. Nunca sabrás si la volverás a ver o no. Te enamora, pero ella no se enamora, no conoce ese sentimiento, lo único que le importa es ella, estar bien ellas, ser feliz ella, nada más que ella. Así que, si te la llegas a encontrar, evítala, no te dejes engañar. Sí, es como una viuda negra. Te seduce, juega contigo, te usa, te bota y te deja muriendo, lentamente, por su amor.



¿Fue un sueño?
mayo 14, 2011, 4:12 am
Filed under: Diario, historia, Sobre mí, Sobre ti., Soledad, Sueño

¿Fue un sueño? No lo sé, ¿dudo? Sí. No sé si fue liviano, tampoco recuerdo si fue una pesadilla. No sé cuál fue el nivel, del sueño. ¿Fue un sueño? Fue demasiado real para ser un sueño; fue ficción, porque no creo que haya pasado. Cuando desperté estaba solo. ¿Fue un sueño? Quizás. Pero no lo creo, porque es algo que se ha vuelto cíclico. Cada determinado tiempo vivo lo mismo, siento lo mismo. Justo en la primavera, al inicio. Es lo más hermoso. Me duermo y comienzo a vivirlo, en el sueño transcurren dos o tres semanas, a veces más tiempo…despierto… ¿Fue un sueño? Es cíclico, pero los ciclos son indeterminados. Sí, porque de pronto pasan 3 meses, dos  o diez años, y se repite. Es ligero, porque lo que vivo es muy hermoso; pero, a la vez, es una pesadilla porque cuando despierto estoy solo, con el corazón deshecho, pensando…cuestionándome…imaginándome…¿Fue un sueño? Ya no sé si es o no es un sueño. ¿Qué me gustaría que fuera? Que fuera un sueño, que durara por siempre, jamás despertar. Pero un sueño es tan sólo un sueño, nunca la realidad. Hay que dejar de soñar y vivir. ¿Fue un sueño? Adiós Soledad.



Enemigo de amor.
julio 8, 2010, 5:51 am
Filed under: Sobre mí, Sobre ti., Soledad

Nada es fácil. No se consiguen las cosas fácilmente. Hay que trabajar, sudar, luchar…sí, luchar para obtener lo que se quiere.

Se lucha, se guerrea, se ganan batallas, pero también se pierden. Hay que saber perder, sí, perder, pero mantener la frente en alto. Ganar, disfrutar de los pertrechos obtenidos de la afrenta. Mantener una actitud impertérrita ante el triunfo, y estar siempre alerta por si el enemigo quiere retomar la lucha o por si quiere recuperar lo perdido o por si surge un nuevo contrincante.

Por otro lado, hay guerras que cansan, que desgastan, que se ven imposibles de ganar. Se vuelven aburridas, estas afrentas, las de amor. Y, a veces, lo mejor es rendirse. Rendirse ante lo que verdaderamente se ama. Pero no rendirse en el sentido servil, sino de ser un ser amado, rendido por amor ante el amor, más no por compasión o por Soledad.

Sí, tú te rendiste, ¿por amor?, lo dudo. Nunca supe en que momento, yo, sin embargo, seguí luchando, pero me canse. Te rendiste ante otro enemigo que no era yo. Quise continuar luchando, pero, la verdad, yo ya no puedo más, estoy agotado. Entre otras cosas, se me terminó el parque, me quedé sin recursos. Estoy desarmado, con una herida. Una herida que dejará una enorme cicatriz, en mi pecho, en mi corazón, en mi mente…en mí ser.

Hay batallas, todas son crueles, pero ésta, con todo y su crueldad, fue la más hermosa. La circunstancia que logró que así acaeciera es que tú fuiste la protagonista de esta afrenta, yo, tan sólo, un soldado más, sin importancia para ti. Nunca la olvidaré. Perdurará.

Ahora no somos enemigos ni amigos. Nos convertimos en simples extraños. No te odio, tampoco te amo. Mucho menos te guardo rencor, no. Simplemente no puedo ser amigo de un enemigo de amor.



Un impulso más.
junio 24, 2010, 6:15 am
Filed under: Poesía, Sobre mí, Sobre ti., Soledad

Tuviste el amor ante tus ojos,

y no lo supiste valorar.

Buscaste en otros hombres

lo que yo te daba.

Tampoco lo percibiste.

Te dejaste llevar por impulsos.

Y nuca pudiste encontrar

el verdadero amor.

Aquel que yo te profesaba.

Los “amores” que encontraste

no fueron lo que esperabas.

Eso “amores”, te volvieron dura,

dura como una piedra.

Ahora ya es muy tarde.

Abriste los ojos muy tarde.

Ahora un impulso te hace

buscarme.

Mi actitud, ahora,

es un reflejo

de tus impulso.

El aprendiz superó al maestro,

pagando justos por pecadores.

Tú para mí nuca fuiste un impulso,

yo para ti…Soledad ¿qué soy,

tan sólo un impulso más o

un amor de verdad?





Deseos en cadena.
mayo 7, 2009, 3:37 am
Filed under: Poesía, Sobre mí, Sobre ti., Soledad

viejos_de_la_mano

Quisiera conseguir una botella de tequila

que me dure hasta el alba.

Liar un cigarro, con un buen tabaco,

y que me dure mientras te platico

mi vida.

Quisiera un beso tuyo, tan sólo uno,

que me dure hasta asfixiarme.

Sentir tus manos, tus caricias,

hasta que envejezcan.

Quisiera abrazarte, y no soltarte,

y que ese momento dure

hasta que la luna se renueve.

Vivir toda tu vida,

y si la mía caducara primero,

aun así, no te dejaría.

Necesito saber que existe,

que no eres un sueño,

Soledad.